Paso de Vaqueros

Texto y fotografía Carlos González Abril 27, 2016
El descenso más emocionante para adentrarse al cañón. Juan Vargas descendiendo, el el agua Alejandro y Miguel.

El descenso más emocionante para adentrarse al cañón. Juan Vargas descendiendo, el el agua Alejandro y Miguel.

En 2004, aprovechando que Aventura Vertical fue a dar un curso de cañonismo, realicé con Alejandro Ojeda, Juan Vargas y Luis Hernández una pequeña exploración a las cañadas que se encuentran cerca del poblado Paso de Vaqueros, municipio de San Luis de la Paz, Guanajuato. En aquel entonces pregunte a los muchachos si alguien ya había descendido el cañón más grande, me dijeron que no lo sabían, y hasta el momento no tenían ningún dato.

 En este lugar desde hace algunos años se construyó una presa y el el poblado Paso de Vaqueros. Éste ya no existe, quedo inundado, y los habitantes fueron reubicados. La entrada principal para llegar al cañón se encuentra cruzando la terracería donde antes estaba el pueblo.

Cuando estuvimos ahí se podía cruzar la cortina de la presa que hasta ese momento seguía en construcción , se desciende una loma y se tiene que saltar una barda de piedras encimadas. Sobre una vereda empinada se desciende. Para llegar al lecho del río se tiene dos opciones: a la derecha se baja en rappel sobre una cascada que lleva agua en temporada de lluvia; o a la izquierda se puede caminar esquivando el rappel. Esta vereda tiene algunos tramos de desescalada muy sencilla, pero hay que ir con cuidado. Al llegar al lecho del río su cause puede variar, por lo que es posible que desde este punto te mojes.

Se camina unos 150 m y se llega a una de las grandes cascadas de este cañón. Enfrente de ésta, se encuentra otra en el lado contrario. Buscamos un lugar para anclajes, y no lo encontramos, esto nos alienta al pensar que podríamos ser los primeros en descender. La cascada lleva poco agua, pero al caer se ensancha y cuando el viento sopla dentro del cañón avienta el agua hacia arriba, creando una llovizna constante, le calculamos 80 m de altura. Abajo se crea una pequeña laguna y el sol le da sólo durante un par de horas en el día, debido a la altura de las paredes y lo estrecho del cañón.

Pensando en como realizaríamos el descenso, nos alejamos un poco de la cascada y decidimos descansar y saborear nuestro almuerzo: unos tacos que preparo la mama de Alejandro. La vista del cañón es espectacular. Después de comer nos regresamos. La idea de descender este cañón por primera vez se ha quedado fija en mi cerebro. Los muchachos comparten la idea y sólo esperamos el momento adecuado para realizarla.

Luego de varios meses buscando la fecha para la exploración, finalmente logramos ponernos de acuerdo y reunir el equipo necesario para el proyecto.

Después de la primera revisión del lugar, localizamos el sitio para colocar los anclajes necesarios. Es fin de año y la cascada prácticamente no tiene agua, sólo escurre un poco manteniendo húmeda la pared. Ahora nos acompaña Rafael Arellano, y Miguel Mendoza, quien me ayudó a colocar los anclajes. Después de colocar las plaquetas comemos un poco y afinamos los detalles para el día siguiente.

Rafael nos comenta que ya hizo el recorrido río arriba y nos comenta que no es necesaria la cuerda después de la cascada, por lo que decidimos que alguno de nosotros se quede a recuperar el equipo y nos alcance a la salida, donde termina el cañón. Luis Hernández y Gerardo Zabala, El arquero, fueron nuestro grupo de apoyo.

El jueves 2 de diciembre de 2004 salimos a las nueve de la mañana de San Luis de la Paz; vamos en la camioneta con cierta incertidumbre, pero muy emocionados, y nos da escalofrío al saber que el agua de la poza es fría. Ayer amaneció un poco nublado, pero hoy no se ven nubes y esto nos anima un poco más. Los muchachos nunca han realizado un rappel tan largo y tiene poca experiencia, por lo que decido utilizar una cuerda de seguridad para que bajen con más confianza. Miguel es el primero en hacerlo ya que necesito que vigile y apoye a los demás, a pesar de no tener experiencia en cañones, tiene amplia experiencia como montañista y escalador. Estamos muy emocionados. ¡Somos los primeros en bajar esta cascada! Miguel va primero pero como equipo, sentimos que vamos todos con él.

No sabemos exactamente la altura, por el tipo de cuerda y las maniobras que realizamos, calculamos que son 75 metros. Seguimos esperando a que llegue al agua, de repente escuchamos un grito: “el agua no esta fría, ¡está helada!”.

El siguiente en bajar es Alejandro, que va preocupado por el agua; llega sin problema y escuchamos su grito helado. Rafael ha esperado más de 10 años por este momento, se coloca en la cuerda de rappel y Juan lo asegura. Es mi turno, trato de no pensar en lo helada que estará el agua, pero la resignación me da valor y empiezo a bajar. Juan es el último ya que maneja bien la técnica, pero está Luis para revisar que realice todo correctamente.

Estoy a punto de tocar el agua, me resisto, pero sé que es inevitable. Los que ya bajaron me advierten que una vez que me sumerja, no deje de moverme; nuevamente un alarido se escucha: es el mío, el eco se encarga de repetirlo varias veces. Entro al agua y está heladísima.

Afortunadamente son unos cuantos metros de nado y salgo a tierra firme. Con frío y temblando me refugio en los rayos del sol. Sólo falta Juan, a medio camino se le cae algo; Alejandro se anima y va a buscarlo. Tiene que entrar nuevamente al agua, no con muchos ánimos, se acerca nadando y encuentra una cartera. Sólo Rafael y Juan traen traje de neopreno y fueron los que menos frío sintieron.

Después de la primera poza seguimos unos 50 m adelante buscamos un lugar soleado para secarnos y almorzar; el frío nos despertó el hambre. A la derecha pasamos por donde en tiempos de lluvia cae otra cascada, casi de la misma altura de la que acabamos de bajar. Rafael nos comenta que el camino no es muy técnico por lo que aprovechamos el almuerzo para guardar el equipo de seguridad.

La comida sabe deliciosa, el ánimo es de lo mejor, pero el camino el camino que falta es largo y decidimos continuar; encontramos cerca de aquí otras dos caídas de agua muy interesantes, aunque ahora están secas.

Pasamos por algunas pozas con agua, que rodeamos sin problema, el paisaje es variado y en ocasiones caminamos al lado de bloques rocosos de forma y colores extraños. Después de algunas horas de caminar, vemos que el cañón se ensancha y cruzamos un huerto, lo que indica que estamos cerca de la salida. Al fondo se alcanza a ver unas peñas impresionantes que a Miguel, como escalador, le llaman mucho la atención, pero ahora debemos salir.

Llegamos a un paraje donde el río se ensancha y el agua corre tranquila: en él hay varias tortugas asoleándose sobre las piedras. Seguimos caminando y encontramos más. Es fantástico para mí, pues las tortugas son uno de los animales que más admiro. Obligo a los demás a que se queden inmóviles y en silencio para poder verlas un buen rato, qué maravillosa sorpresa, que afortunado de poder apreciar estos animalillos en su hábitad natural.

El río cambia de dirección, ya van 7.5 km de recorrido, sigue por la izquierda, y nosotros seguimos en sentido contrario; empezamos a subir una loma que después de 2.6 km y media hora nos lleva al poblado de Mesa del Tigre, donde ya nos esperaba El Arquero. Han pasado seis horas desde que iniciamos el descenso y está a punto de anochecer; vuelvo la cabeza hacia el lugar de donde venimos y las sombras empiezan a cubrir el cañón , ya es tiempo de abordar el vehículo. Por fin, hemos realizado el primer descenso y recorrido del cañón de Vaqueros.

 

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