Todos Santos

Texto y fotografía Carlos González Abril 22, 2016
Todos Santos, oasis entre el mar y el semidesierto.

Todos Santos, oasis entre el mar y el semidesierto.

Al extremo sur de la península de Baja California, existe un territorio extenso que se antoja explorar, un verdadero paraíso para conocer el desierto: caminando y en bicicleta o en el mar, deslizándose sobre sus olas o debajo de ellas buceando para conocer su vida marina.

Sin duda la forma de viajar depende mucho del gusto personal, del presupuesto, del tiempo y del espíritu aventurero. He practicado el alpinismo durante muchos años, en los últimos 10 me he sentido atraído por otras vertientes de hacer montaña, como el cañonismo o espeleísmo, y también he dejado la montaña para navegar en el mar sobre un kayac y bucear. Ahora me doy cuenta que viajar de una sola forma nos limita la experiencia de vivir deliciosas aventuras.

La bicicleta, por ejemplo, con ella podemos alejarnos de los caminos convencionales con facilidad y rapidez. Por eso, te invito a que te subas en una bicicleta y pedalees ocasionalmente y tal vez llegues a ser un ciclista experimentado, y si el plan lo requiere, nos pondremos en contacto con un guía experto en el tema, para salir a conocer el país sobre la bici.

Uno de esos lugares que vale la pena explorar es Baja California Sur, ya sea pedaleando, caminando, en kayac o para disfrutar sus playas sobre una tabla de surf o buceando. Y no se requiere ser un experto, simplemente pónganse en manos y la supervisión de guías y empresas especializadas en turismo de aventura.

Después de visitar por tiempo breve la ciudad de La Paz, nos dirigimos al sur y tomamos la carretera 1 o transpeninsular. Tras una hora llegamos a Todos Santos, un pueblo cerca del océano Pacífico, de calles vestidas con fachadas muy singulares, donde año con año se cultiva con mayor decisión la cultura y las artes. Al parecer aquí se encuentra el hotel que dio nombre a la canción de The Eagles; Hotel California.

Tomamos rumbo al suroeste, hacia la costa, para subir caminando uno de los cerros de Punta Pescadores. El objetivo era muy simple: ver la puesta del sol. Caminar por la tarde en estos lugares es una delicia, pues el calor del sol es menos intenso y la brisa del mar refresca la piel. La vista es simplemente una agasajo. El sol a punto de tocar el mar emite su luz de fuego que salpica todo a nuestro rededor. La vegetación de este árido suelo recibe una vez más el atardecer. Caminamos sólo un poco más y regresamos al pueblo a disfrutar una taza de café al modo como se acostumbre por acá; de talega, que consiste en colocar el café molido en una coladera de manta (la talega) y se le vierte el agua caliente, según me comentan, nunca se lava y esto le da el sabor característico, ligeramente amargo, pero delicioso.

Por la mañana vamos un poco más al norte de Todos Santos, a un paraje llamado Boca de los Santos, donde se forma una pequeña laguna cerca del mar. Un grupo de aves descansa a la orilla, tomando el sol, mientras unos patos nadan buscando su desayuno. De repente, sin que a las aves les preocupara, pasa una pareja corriendo sobre la playa. Sin duda una excelente forma de empezar el día, tómenlo muy en cuenta. A lo lejos un barco pesquero se enfila dentro del océano Pacífico. Sentado por un rato, contemplo tan singular espectáculo.

Muy cerca de aquí nos vamos a 17 km rumbo a la playa de Cerritos que tiene una longitud de 7.5 km a tomar unas clases de surf. Ya nos esperaba el resto del grupo que participaría. Juan Carlos Martínez , el instructor, nos explica un poco de la actividad. Sobre la arena coloca una tabla de surf y nos muestra como acostarse sobre la tabla y levantarse sobre ella al llegar la ola, el resto es simplemente práctica y diversión.

Juan Carlos tiene más de 17 años practicando el surf. Un día, cuando era pequeño, en su natal Ensenada, un amigo le prestó una tabla, se fue a la playa y quedó enganchado con este deporte. Conoce los mejores lugares para el surf de la península y le es difícil seleccionar el mejor, sin embargo se decide por San Miguel, muy cerca, al norte de Ensenada. Además agrega que la mejor temporada es el verano para el Mar de Cortés, y el invierno para el área del Pacífico, y agrega: “para aprender, las olas deben ser de uno y medio a dos metros de altura”. Sin duda estamos en el lugar indicado, con un excelente instructor y con las olas perfectas.

Me animo a intentarlo y me uno al numeroso grupo que se divierte sobre las olas. Pasamos un buen rato intentando mantener el equilibrio sobre la tabla, sin lograrlo más de unos cuantos segundos. Siempre he dicho que si no hubiera escogido el montañismo como deporte, habría sido el surf, y después de esas horas de práctica, lo confirmé. El surf también es para mí.

Nos acompaña una pareja de canadienses, son personas mayores que buscan otras formas de disfrutar de la playa.

Por este día me di por satisfecho, cansado y con un poco de hambre, vamos a la palapa, que está en la misma playa, a comer unos deliciosos tacos de pescado. Con el estómago satisfecho, pero con más ganas de seguir nuestro viaje, nos enfilamos rumbo a San José del Cabo para conocer el símbolo de esta parte del país: Cabo San Lucas. Nos alejamos del camino convencional y atravesamos por la parte alta de la sierra, por un camino de 50 km, llamado Los Naranjos, dentro de la sierra San Lorenzo. Esta terracería es también una ruta para bicicleta, por lo que los muchachos no se aguantan las ganas y se bajan de la camioneta para pedalear un rato; éste es verdadero gusto de la bici. El paisaje cambia de semidesértico a templado, con abundante vegetación, y nos sorprende encontrar un tipo de palmera que se agrupa en diferentes puntos a lo largo del camino. Llegamos a la parte más alta, cruzamos e iniciamos el descenso, ya oscureciendo llegamos a San José del Cabo.

Baja California Sur es mundialmente conocida porque aquí viven y nacen en el invierno las ballenas que luego emigran hacia Alaska, EUA. Tiene excelentes playas, para disfrutar muchas actividades acuáticas, sin olvidar sus grandes planicies semidesérticas y si te animas a andar en bicicleta verás que desde lo alto el paisaje se disfruta más; es una forma intensa, divertida y segura para conocer otros caminos. No te quedes con las ganas.

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